Mi Biografía (Parte VI, 2005-2011)
- Patricio Valenzuela
- 16 may 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 24 may 2025
El año 2005 no sólo fue un año de decisiones personales. Dados mis planes de estudiar en Valparaíso y que ya eran 10 años desde que nos asentamos en Punta Arenas, mis padres planearon el regreso a Santiago. En ese momento, mi padre me planteó que la razón principal era para estar más cerca de mí cuando iniciara mis estudios.
La solicitud de traslado debía ser ingresada con un margen considerable de anticipación, lo que significaba que el traslado suponía que yo sería admitido en la Universidad Técnica Federico Santa María. Antes de enviar la solicitud, mi padre me preguntó si dicho plan ocurriría. Respondí afirmativamente con profunda convicción.
Es así que, una vez admitido en la universidad, nos mudamos de regreso a Santiago. La mudanza fue un proceso intenso: entre Diciembre de 2005 y fines de Febrero de 2006, nos dedicamos a pintar y arreglar la casa que dejábamos en Punta Arenas (dado que era casa fiscal) para después trasladarnos a Santiago y renovar la casa de mi abuelita paterna (donde llegamos a vivir). Dicho esto, a finales de Febrero de 2006 ingresé a primer año de universidad. Podrán sospechar entonces lo cansado que estaba ya al inicio del año académico. Sin embargo, la pasión por mis estudios y las ganas de salir adelante pudieron más que el cansancio y que cualquier otro impedimento. Mi convicción por educarme estaba intacta.
Había una valla más: dado que era egresado de cuarto año medio de la generación 2003, no pude optar a becas de arancel para mis estudios, aún con un puntaje ponderado sobresaliente. En este punto, mi padre me informa que sólo puede financiarme el primer año de universidad y que, después de ello, le sería imposible costear los estudios. Parecía un callejón sin salida pues, inevitablemente, tendría que dejar la universidad a la que tanto me había costado ingresar.
En mi búsqueda de alternativas para financiar mis estudios, encontré que la universidad ofrecía becas al "mérito académico". Al inicio de cada año académico, la/el estudiante con el mejor rendimiento académico por generación recibía la exención del arancel. Obtener dicha beca, entonces, era una tarea muy ambiciosa y, en principio, casi imposible.
Regresando al comentario de mi padre, y entendiendo lo ambicioso de mi plan, le respondí a mi padre que no se preocupara, que tendría la universidad totalmente pagada por dicha beca. Mi motivación, unido a mi trabajo, responsabilidad, disciplina y esfuerzo, lograron que mi plan se hiciera realidad, siendo becado durante el resto de mis estudios. No sólo eso: también fui por tres años consecutivos el estudiante de mejor desempeño agregado en la universidad, y dos años dentro de los primeros cinco estudiantes (de un universo de aproximadamente 12.000 alumnos).
Las becas y beneficios obtenidos fueron gracias a un gran esfuerzo y una profunda convicción de que era posible. Como resultado de mi esfuerzo, egresé en cuatro años y medio no sólo del programa de Ingeniería Civil en Electrónica, sino que también del Magíster en Ciencias de la misma rama. A modo de referencia, se egresa de ambos programas de estudio, tomados en forma secuencial y sin reprobar cursos, después de 8 años.
Mi paso por la Universidad Técnica Federico Santa María fue clave en mi formación profesional y personal. En lo profesional, recibí una formación de excelencia de académica(o)s con una gran calidad profesional y humana, quienes inculcaban a través de su ejemplo el sentido de responsabilidad, disciplina y el amor al trabajo bien hecho. Lo anterior fue complementado a través de mi participación en actividades extra-programáticas, donde llegué a estar a cargo de la gestión de una exposición de proyectos electrónicos en el marco de la semana de difusión de la universidad.
En lo personal, destaco de mi paso por la universidad la gran cantidad de amiga(o)s y personas que pude conocer e interactuar (incluyendo la hermosa familia que me alojó durante mi paso por Valparaíso, a quien debo mi eterna gratitud por lo recibido) y, lo más importante, el conocer al amor de mi vida, mi actual esposa (a quién dedicaré la próxima entrada del Blog).
Pronto a terminar mis estudios, buscaba en mi horizonte mi perfeccionamiento a través de un Doctorado. Luego de explorar diferentes alternativas, uno de los grandes Profesores que tuve en mi formación me mencionó la posibilidad de continuar estudios de Doctorado en el Real Instituto de Tecnología (KTH), en Estocolmo, Suecia. La oferta consideraba un empleo estatal a tiempo completo, con derecho a seguro social y pensión. En un principio, la idea nos asustó a mi esposa y a mí: la invitación era a emigrar a un país que no sólo no habla español, sino que ni siquiera tiene inglés como lengua materna. Luego de reflexionar profundamente, decidimos dar el paso con mi esposa y emprender viaje hacia Estocolmo. Nuestra aventura como pareja y familia recién comenzaba.
(Continuará)









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