Mi Biografía (Parte IV, 2001-2004)
- Patricio Valenzuela
- 14 may 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 24 may 2025
Durante la segunda mitad de 2001, con quince años, empecé a preguntarme qué quería hacer con mi vida, no sólo en lo inmediato, sino también hasta el final de mis días. A mi temprana edad, entendí que lo que elegiría en los próximos cinco años definiría gran parte del resto de mi existencia. En consecuencia, quería tomar una decisión informada.
En una entrada anterior, mencionaba que mi plan fue siempre estudiar en la universidad. La pregunta a resolver era dónde. Luego de escuchar recomendaciones y pensar en las diferentes opciones, decidí que mi futuro estaría en la Universidad Técnica Federico Santa María, en el hermoso puerto de Valparaíso (con justa razón denominada la "joya del Pacífico"). Mi visión era ambiciosa: para optar a dicha universidad, se requería de una alta puntuación en la prueba de selección, lo que implicaba que debía prepararme muy bien para ser admitido en dicha casa de estudios.
Si bien ya tenía decidido dónde estudiar, mi planificación no terminó allí. Me propuse igualmente estudiar un doctorado una vez finalizado mis estudios y alcanzar el más alto grado del saber humano. Todo esto, como mencioné anteriormente, con quince años. A pesar de los comentarios de familiares y amigos sobre lo ambicioso de mi plan de vida, tenía la profunda convicción que era posible.
Ya trazado mi horizonte de vida, debía enfocarme en los pasos inmediatos. En los tres años siguientes me dediqué a aprender lo que es la pasión de mi vida: el uso de la Electrónica y la Automática como herramienta para otorgar una mejor calidad de vida a la humanidad.
Una vez licenciado de enseñanza media (donde fui reconocido por mis cualidades humanas y académicas), venía la práctica profesional (6 meses) y un examen para el título de técnico en electrónica. En este punto de mi vida, uno de los grandes educadores que me formó me ofreció realizar una práctica industrial en una empresa de mantención de maquinaria pesada, con opciones de contrato indefinido. Desde un punto de vista monetario, un contrato indefinido a mis diecisiete años era algo que cualquier joven de mi edad hubiese deseado. Sin embargo, en mi caso, pensaba que debería postergar mi sueño de estudios universitarios. Luego de una reflexión profunda, acepté el cambio de planes de vida y me dediqué a aprender en esta nueva área para mí.
Los seis meses de práctica industrial son una experiencia inolvidable y enriquecedora para el resto de mi vida. Lo anterior debido no sólo al aprendizaje de nuevos contenidos técnicos, sino que también por las relaciones humanas establecidas y por la posibilidad de conocer la hermosa región de Magallanes mientras trabajaba (la mayor parte de los vehículos de movimiento de tierra se encontraban a decenas de kilómetros de distancia de Punta Arenas).
Pronto a concluir mi práctica industrial, mi aceptación al cambio de planes de vida estaba completa y me encontraba en paz con mi decisión. Profunda, entonces, fue mi sorpresa cuando uno de mis colegas (por quien tengo un profundo afecto y admiración) me informa que no me iban a contratar. "Todos estaban de acuerdo en contratarte, pero yo me opuse", me dijo, a lo que reaccioné sorprendido. "Dije que era tremendamente injusto que te contrataran dada tu enorme capacidad y que, al contratarte, te cortaríamos las alas". Al escuchar las palabras de mi colega, me emocioné. Hoy, me sigo emocionando de la misma manera al recordarlas.
Terminada mi práctica industrial y con el plan de vida de regreso a su camino original, me dediqué a preparar mi memoria de título. No fue una tarea fácil, pues tenía que encargarme de mi hermana menor durante el día (por ese entonces con sólo unos cuantos meses de vida), mientras mis padres trabajaban para proveer sustento. No sólo preparaba mi memoria de título, sino que también cuidaba de mi hermana menor, con lo que ello implica.
Recuerdo haber armado un laboratorio casero de Electrónica en la lavandería de mi casa. Allí pasé mucho tiempo entretenido, armando prototipos que luego presentaría en mi defensa de título. Durante la presentación de mi memoria de título, conté con una comisión de académicos universitarios para evaluar mi trabajo, de quienes recibí comentarios muy positivos. Ésta fue mi primera aproximación al mundo universitario, pero la universidad debía esperar. Necesitaba prepararme para rendir una excelente prueba de admisión e ingresar a Ingeniería Civil Electrónica en la Universidad Técnica Federico Santa María.
(Continuará)









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